A la hora de hablar de un término y todas las características que le rodean es preferible realizar una breve introducción detallando qué es y para qué sirve exactamente.

Con la pretensión de no perder ningún detalle que pueda aclarar perfectamente el término, hemos seleccionado la definición dada por la Escuela Europea de Coaching, quien hacen referencia al método coaching como “el arte de hacer preguntas para ayudar a otras personas, a través del aprendizaje, en la exploración y el descubrimiento de nuevas creencias que tienen como resultado el logro de los objetivos”.

En cuanto a los integrantes que forman parte del método destacar la figura del coach o entrenador, quién se encarga de acompañar y llevar a cabo el proceso, y el coachee  , emprendedor o cliente, siendo la persona que solicita dicho servicio.

 

 Una confusión habitual es entender el coaching como un programa donde se recibe asesoramiento, consejo o en definitiva te ofrecen unas pautas de actuación. Sin embargo, esta última definición hace referencia al término mentoring que hemos comentado en un post anterior


Llegados, por tanto, a este punto creemos importante destacar la distinción entre ambos conceptos; donde el mentoring es entendido como un proceso por el que un mentor invierte su tiempo en ofrecer apoyo y orientación de cómo actuar ante determinadas situaciones,  y el coaching es un método a través del cual se acompaña al coachee, quién ya trae fijada un
a base o estructura de trabajo, con el fin de lograr los objetivos que éste se ha marcado.

Para entender mejor el concepto y las particularidades del coaching contamos con la ayuda de Raúl García, coach profesional que ofrece sus servicios a los acelerados de Cink Emprende.

 

Raúl nos ha hablado del funcionamiento del coaching; de cómo el cliente viene con unos recursos, con un objetivo marcado sobre el que posteriormente trabajar.
Las múltiples preguntas realizadas por el coach, siempre desde una perspectiva neutral y buscando la toma de conciencia por parte del coachee, t
ratan de concretar el problema, y así con las  propias respuestas del cliente ir delimitando la dificultad y por tanto descubriendo el camino por el que debe seguir trabajando.

 

Nos comenta que para llevar a cabo un proceso de coaching es importante delimitar claramente los objetivos que se quieren conseguir, para posteriormente fijar lo que se llaman planes de acción; entendidos como el medio o la forma que nos ayuda a movernos hacía donde queremos.

 

Luchando en contra de este deseo encontramos las limitaciones o bloqueos internos que condicionan notablemente el resultado del método.


De ahí que una de las partes más relevantes del proceso de coaching sea valorar la predisposición del propio coachee.  Éste debe mostrarse comprometido y colaborativo así como dispuesto a mejorar. Realmente debe querer salir de su zona de confort y de sus posibles malos hábitos.

 

Finalmente hay una idea que Raúl subraya como importante a la hora de trabajar con un método de coaching, y es que nunca debemos darnos por vencidos antes cualquier dificultad; sólo debemos darle “una segunda vuelta”, repasar nuevamente los pasos dados hasta el momento y no divagar en que no tiene solución. Es vital pensar que hay otra vía y que siempre disponemos de una segunda opción.